Home
Departamento
Autoridades
Consejo
Historia
Memoria
Institutos
Concursos
Novedades
Homenajes
Enlaces
Seguridad
Webmail
Mapa del Sitio
Docencia
Carreras
Areas
Asignaturas
Docentes
Divulgación
Ambitos de Estudio
Seminarios
Posgrado
Investigación
Extensión
Servicios
 
 ... algo sobre venenos, envenenadores y envenenados ...
 

El ser humano durante la prehistoria, en un "prueba y error" continuo, se ve permanentemente desafiado a descubrir que alimento no le hacía daño. Los hombres dedicados a la caza eran los menos afectados ya que los mayores peligros se encuentran entre los vegetales (plantas y hongos) más que entre las carnes. Por ser la tarea de recolección la reservada a las mujeres son éstas, en consecuencia, las que más riesgo corrían.

Dos técnicas eran basicamente puestas en juego: 
  • Una, era esperar la respuesta de un animal hervívoro frente al vegetal en consideración, con el tiempo comprobaron que había fatales excepciones. 
  • Dos, darlo a comer a ancianos o enfermos quienes actuaban como simples ratones de laboratorio.

Los sucesivos descubrimientos se circunscribían al grupo por simple transmisión oral. La distancia que separaba a las comunidades y la lógica incomunicación hacía que cada una tuviese que recorrer indefectiblemente el mismo peligroso camino.

El lento descubrir de la toxicidad (los griegos llamaron Toxicon a los productos que, colocados en flechas, se utilizaban para la caza) de ciertos vegetales, su control y su manejo les permitió evolucionar en la técnica de la caza, facilitando la obtención de las presas. El veneno era colocado en la punta de flechas y lanzas. Si bien el resultado brindó un adelanto notable para aquellas generaciones, dejó abierta una puerta a resolver: debía elegirse muy bien el veneno, para luego no verse envenenado al ingerir el alimento. Uno de los ejemplos más conocido de estos extractos vegetales fue el curaré o "hierba de los ballesteros".

Dos aplicaciones más fueron descubiertas para estos tóxicos: como alucinógenos y como arma para asesinar. La imposibilidad de detectar la presencia de venenos en el muerto hacía que, hasta el siglo XIX, el crimen quedase impune. Se sospechaba la causa más no se podía probar. El recetario es de por sí muy amplio: arsénico, belladona, "cantarella", cianuro, cicuta, dioxinas, estricnina, extractos vegetales, mDurante el siglo XVII, Marie Madeleine d’Aubray, marquesa de Brinvilliers, se convierte en la primera envenenadora serial reconocida dentro de la historia. ercurio, plomo, etc. La vida de pontífices todopoderosos y emperadores invencibles quedó reducida a nada. Los venenos arrasaron con ellos como también con políticos disidentes, amantes, filósofos, ejércitos completos, maridos y esposas engañadas, suicidas, etc.

A partir del siglo XVII a de C., con el papiro egipcio encontrado por el alemán Georg Ebers y en los papiros de Saggarah y del Louvre, se relacionan los productos empleados en las épocas respectivas. Hacia el 1.500 a de C., el Ayurveda o libro de la Ciencia de la Vida de los Veda (la literatura religiosa y médica más antigua de la India) cita venenos y recomienda remedios y antídotos. La Biblia nombra venenos y se proponen medidas higiénicas que eviten las intoxicaciones. Existen también referencias y libros sobre el uso de los tóxicos durante los Imperios Griego y Romano.

El Emperador Romano Claudio (imagen de la izquierda), a inicios de nuestra era, es envenenado por su Emperatriz Agripina (imagen de la derecha) quien se valió de un plato de setas (amanita phalloides) para lograr su cometido. Varios años y varios crimenes más tarde llevaron al Imperio a dictar la primera ley antiveneno que se conozca: la "Lex Comelia Maestration".

La historia escrita nos relata sucesiones de intrigas y envenenamientos desde Sócrates y su muerte sedado con Cicuta (imágenes de la izquierda), Tutankamon o Séneca (imagen de la derecha).

Séneca es obligado por Nerón a suicidarse con cicuta tras perder la confianza en él por una conspiración. La víctima no solo tomó el veneno sinó que aceleró el proceso de su muerte cortándose las venas. Era tal la obsesión dentro del Imperio que la historia refleja que el Emperador Nerón contaba con los servicios de Andrómaco quien no solo era su médico sino también un experto en prepararle antídotos y de Locusta, una mujer experta en la preparación de venenos.

Los señores feudales de la Edad Media apelarán a probadores oficiales de comida que muchas veces corrían la peor de las suertes.

Durante el Renacimiento los Borgia y especificamente Lucrecia (imagen de la izquierda) ocupan un lugar tristemente destacado dentro de esta historia. El escritor Mario Puzzo autor de "El Padrino" define a los Borgia como "la gran familia del crimen". Rodrigo Borgia (Alejandro VI) sucumbe a su propia receta en 1503 al beber, por error, lo destinado al Cardenal Corneto. Era hábito de ellos ocultar el veneno en anillos-cápsulas, de modo de verter la pósima en las copas de vino ante el descuido del condenado.

Pero, si bien la época los identifica como los principales referentes en esta práctica, no fueron los únicos. Por el contrario ese período está teñido por el uso de venenos a lo largo de todas las cortes europeas, de un modo recurrente. Catalina de Medici es otro ejemplo al asesinar a Francisco I y a Juana de Navarra y por error a su propio hijo Carlos cuando el objetivo era envenenar a su yerno, Enrique IV.

El primer médico que se dedicó a estudiar toxicología fue el alemán Paracelso, quien aportaba, allá por el siglo XVI, la siguiente conclusión: "Todo es veneno y nada es veneno, la dosis sola hace el veneno".  Otros científicos a considerar son: Dioscórides; Avicena; Maimónides; Thuillier; Bernardino Ramazzini (1633-1714), el que es considerado el padre de la medicina del trabajo y de la toxicología laboral, por su interés por los efectos de la contaminación ambiental, especialmente sobre los trabajadores; Mateo Buenaventura Orfila (a principios del siglo XIX es considerado el padre de la Toxicología moderna aplicada fundamentalmente a la toxicología forense); Paul Ehrlich (1854-1915), en lo que llamó "afinidad selectiva de los tejidos ", demostrada por las tinciones diferenciales y el empleo de compuestos arsenicales para tratar la sífilis, planteó que las sustancias químicas poseen unas cadenas laterales o "espinas", a las que denominó grupos cromóforos y toxóforos, a través de los cuales actúan.

Durante el siglo XVII, Marie Madeleine d’Aubray, marquesa de Brinvilliers, se convierte en la primera envenenadora serial reconocida dentro de la historia.

Fue una artesana en su vil oficio ya que ensayaba distintos brebajes que probaba con sus criados y con enfermos en hospitales a quienes a veces mataba rapidamente; mientras que, en otras ocasiones, sometía a largas y terribles agonías previas a la inevitable muerte. Su primer asesinato (el de su propio padre) y los posteriores de criados y enfermos no generaron sospecha alguna; hasta que, la muerte de su hija y de sus dos hermanos, movilizaron a las autoridades quienes la atrapan y encarcelan en Lieja a fines de 1600.

Las cortes rusas no fueron excepciones. La muerte del influyente monje Rasputín a manos del Príncipe Yusupov es un ejemplo entre tantos. Sucesivas copas de vino envenenado no fueron suficientes para matar al monje. Agobiados por no lograr su objetivo, el Príncipe y sus cómplices terminando acribillando a Rasputín para luego arrojarlo a las frías aguas del Neva. En la Rusia de Stalin, Grigori Mayranovski introdujo un nuevo estilo: las cartas envenenadas.

RASPUTIN YUSUPOV
Es, durante el siglo XX, que las guerras mundiales o incluso aquellas regionales son un triste ejemplo del uso masivo de venenos con el objetivo de exterminar al enemigo. El Gas Mostaza durante la Primer Guerra, el Zyklon-B durante la Segunda o los desfoliantes durante la guerra de Vietnam. Cuando nos referimos a la Segunda Guerra es llamativo ver que el veneno es el mismo camino elegido por relevantes dirigentes del régimen nazi para suicidarse: Eva Braun, Göring y Himmler. Mientras que, Goebbels apela a esta vía para matar a sus seis hijos para luego quitarse la vida de un disparo.

 
LA TOXICOLOGIA EN LA ACTUALIDAD

A mediados del siglo XX, el exponencial desarrollo industrial, la evolución de la Toxicología cambia drásticamente tanto en sentido cualitativo como en el cuantitativo. El primer objetivo de la toxicología fue colaborar con la Justicia frente a los envenenamientos, formando parte de la Medicina Legal, como Toxicología Forense; pero en estos tiempos la situación ha cambiado.

Aunque persistan usos ilegales de las sustancias, los nuevos productos, fabricados en grandes cantidades por la industria (química, farmacéutica, alimentaria, agrícola, etc.) y distribuidos masivamente por redes mundiales de comercio, alcanzando a todas las escalas de los seres vivos, y originando contaminaciones durante su fabricación, transporte, uso y finalmente por sus residuos y los productos de su eliminación, plantean unos problemas toxicológicos que, desde el punto de vista de su frecuencia y trascendencia global, resultan cuantitativamente más importantes que los forenses.

Hoy no es suficiente con conocer si un producto es nocivo, lesiona o mata; hay que saber cómo y porqué ocurre esto (mecanismos moleculares y fisiopatología tóxica) y así evaluar el riesgo que conlleve su uso, para soportar una toxicología clínica y una ocupacional con base científica e informar al legislador sobre las limitaciones que deben imponerse a determinadas sustancias etc. El desarrollo de la tecnología para el estudio de la síntesis proteica a través de la expresión genética y los estudios del DNA permiten explicar muchas de las diferencias que se habian observado en cuanto a los efectos de los xenobióticos en los distintos individuos.

La Toxicología se ha convertido en una moderna Ciencia de la Vida, y ha originado varias Áreas Fundamentales de las que derivan unas Ramas Aplicadas son especialidades con carácter propio, tanto desde el punto de vista teórico como desde el práctico.

La Toxicología es una ciencia multidisciplinar, porque tanto su estudio como sus aplicaciones prácticas requieren las contribuciones de profesionales sólidamente capacitados y de muy diversa procedencia académica exigencias que serán cada vez más imperiosas en los próximos años.

La tendencia de la Toxicología en los últimos años, la línea más potente del desarrollo de la Toxicología es el mejor conocimiento de las interacciones entre los xenobióticos y las biomoléculas y, aún más, entre las moléculas exógenas y los mediadores intracelulares (toxicología bioquímica o molecular), incluyendo la participación del ADN, lo que introduce el factor de las características individuales en la respuesta a los tóxicos, campo de la toxicogenética, y su demostración por los estudios poblacionales de los polimorfismos genéticos (Repetto, 1995).

JOSE MATEO BUENAVENTURA ORFILA

Nació en Mahón, Menorca, en 1787. Desde joven descolla como políglota; domina el castellano, mallorquín, francés e inglés y por ser un profundo estudioso. En 1811 alcanza su doctorado en Medicina en París.

En 1812 publica su primer tratado sobre la Toxicología General (Traité des poisons tirés des règnes minéral, végétal et animal ou toxicologie générale), dando el puntapié inicial a una larga carrera dedicada a la investigación y a la toxicología forense.

En 1818 publica un tratado sustentado en distinguir la muerte real de la aparente, se trata de Secours à donner aux personnes empoisonnées ou asphyxiées, suivis des moyens propres à reconnaître les poisons et les vins frelatés et à distinguer la mort réelle de la mort apparente. El ámbito de la medicina legal lo convoca convirtiéndose en Profesor de Medicina Legal y luego Profesor de Química Médica. Finalmente es nombrado Decano de la Facultad de Medicina de París, cargo que ocupará de 1831 a 1848.Orfila fue elegido Presidente de la Academia de Medicina en 1851. Muere el 16 de marzo de 1853. Deberán pasar muchos años para su reconocimiento como uno de los fundadores de la Toxicología y el primer especialista en policía científica.

 
PARACELSO

(Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim; Ensiedeln, Suiza, 1493-Salzburgo, actual Austria, 1541) Médico y alquimista suizo. Hijo de un doctor, durante su adolescencia viajó por Europa y atendió a las universidades de Basilea, Tubinga y Heidelberg, entre otras. Sin embargo, siempre mantuvo grandes distancias con la enseñanza reglada de la época y cuestionó la autoridad de los textos clásicos a favor de una aproximación más «experimental» que atendiera el saber popular. Famoso por sus supuestas curas milagrosas, en 1724 se estableció en Basilea, donde su prestigio atrajo innumerables estudiantes de todo el continente. En sus clases, Paracelso exhortó a su audiencia a ignorar la herencia de Galeno y Avicena y a centrar los tratamientos médicos en la acción libre de los procesos naturales. En 1536 publicó su Gran libro de cirugía, que le procuró una todavía mayor notoriedad. Entre sus notables aportaciones a la medicina de la época cabe citar la primera descripción clínica de la sífilis, y, gracias a sus extensos conocimientos de química empírica, la introducción de nuevos tratamientos basados en sustancias minerales como el plomo o el mercurio.

(http://www.biografiasyvidas.com)
 
PAUL EHRLICH

(1854-1915) Fisiólogo alemán que inauguró la era de la quimioterapia, n. en Strehlen (Silesia) y m. en Bad Homburg. Estudió en las universidades de Breslau, Estrasburgo, Friburgo y Leipzig. Doctorado en medicina en 1878, ingresó como ayudante en la clínica de la Universidad de Berlín, de la que en 1889 fue nombrado profesor auxiliar y al año siguiente catedrático de medicina interna. En 1896 pasó a ocupar el cargo de director del Real Instituto Prusiano de Investigaciones y Ensayos de Sueros, donde desarrolló sus métodos de tinción de los tejidos con anilina para estudiar las reacciones microquímicas a las toxinas. Fue el primero en investigar las vías del sistema nervioso, inyectando azul de metileno en las venas de conejos vivos. Obtuvo un extraordinario éxito experimental al tratar animales que sufrían la enfermedad del sueño con un derivado azoico. En 1904 curó un ratón infectado de tripanosomiasis, inyectándole en la corriente sanguínea el colorante actualmente conocido por rojo de trípano. También formuló la teoría de las cadenas laterales de la inmunidad, explicativa de cómo los receptores de la parte externa de las células se combinan con toxinas para producir cuerpos inmunes capaces de combatir la enfermedad. Aún es más conocido por su descubrimiento en 1901 del salvarsán y neosalvarsán (nombres comerciales de los específicos conocidos químicamente por arsfenamina y neoarsfenamina). El salvarsán representa el fruto de 606 experimentos para determinar el efecto de los compuestos arsenicales sobre las espiroquetas causantes de enfermedades como la sífilis y la fiebre recurrente. El neosalvarsán fue conocido durante mucho tiempo con el nombre de «Ehrlich 914» por tratarse del 914.º compuesto preparado por Ehrlich y su ayudante japonés S. Hata para combatir estas enfermedades. El investigador llamaba a estos específicos sus «balas mágicas» con evidente razón, ya que eran los primeros compuestos sintetizados que se usaban en la curación de las enfermedades infecciosas causadas por protozoos y animales similares unicelulares. Sus numerosas aportaciones a la inmunología se vieron recompensadas en 1908 con el premio Nobel de Medicina, compartido con Ilyá Mechnikov.

(http://www.biografiasyvidas.com)
 
 

HOME ll MAPA ll DEPARTAMENTO: Autoridades ll Consejo ll Historia ll Memoria ll Institutos ll Concursos ll Novedades ll Homenajes ll Enlaces ll Seguridad ll Webmail ll DOCENCIA: Carreras ll Areas ll Asignaturas ll Docentes ll Divulgación ll Ambitos de  Estudio ll Seminarios ll Posgrado ll INVESTIGACION ll EXTENSION ll SERVICIOS ll CONTACTO